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En los tiempos que corren estamos viviendo una época de cambios vertiginosos y sobre todo estamos sufriendo las consecuencias del decrecimiento que está afectando de forma directa a nuestro modo de vida. Sin entrar a analizar las posibles – y punibles – causas, debemos adaptarnos a sus desfavorables consecuencias en nuestra vida cotidiana. Somos testigos de la merma de puestos de trabajo, de nuestro poder adquisitivo y de los servicios que recibimos a cambio de unas tasas impositivas que se mantienen o incluso han aumentado: todas las crisis desencadenan reacciones y el arma más revolucionaria sigue siendo nuestro ingenio para mirar hacia adelante, y en muchos casos mirando también hacia atrás.

Desde hace unos años están volviendo a aflorar nuevos e ilusionantes proyectos basados en revitalizar un sector primario que estábamos abandonando y en nuestro intento de crear economía productiva no podemos olvidarnos de un donante primario de recursos que pide muy poco a cambio salvo esfuerzo: la tierra. Asimismo resulta una ocasión inmejorable para dar una segunda oportunidad a la población que se está quedando atrás y no podemos olvidar.

En pocas palabras, proyectos agroalimentarios de economía inclusiva donde ambiental y social van de la mano.

El planteamiento es simple: generar un modelo de negocio viable a partir de recursos infrautilizados – terrenos y naves en estado de abandono del medio rural – empleando a colectivos desfavorecidos y dotándoles de capacidades que mejoren su subsistencia – como la horticultura – creando productos alimentarios locales, ecológicos y atractivos que además contribuyen a una buena causa. Entra en juego la tercera variable, revitalizar las redes de comercio y consumo local – evitando la fuga de renta en áreas degradadas – e  incluso una cuarta, la recuperación de patrimonio genético plasmado en numerosas variedades locales en vías de extinción.

Son grandes planteamientos sobre el papel, pero ¿podemos crear con ellos un negocio viable? No son pocos los casos de éxito, iniciativas como La FagedaHortus Aprodiscae o La Tavella son modelos de negocio rentable y además un buen escaparate del buen hacer muy del agrado de población, instituciones y asociaciones que trabajan con colectivos en riesgo de exclusión pudiendo ser estas últimas inestimables aliadas. De forma más modesta están proliferando por toda la geografía numerosos grupos de consumo agroecológico, bancos de tierra y cooperativas de productores que apuestan por el comercio local escapando de la asfixia de las grandes distribuidoras. Muchos fondos de inversión se han centrado en este tipo de proyectos éticos, sostenibles e inclusivos que además aseguran rentabilidades considerables y mucho más estables que en sectores más escalables.

Con el mismo propósito e inquietudes nació el proyecto Huertos de Soria, iniciativa promovida por la ONGD Cives Mundi a la que se sumaron la Fundación de Ayuda al Discapacitado y enfermo psíquico de Soria (FADESS) – cediendo instalaciones maquinaria y sobre todo a sus usuarios-  y Cáritas Soria poniendo a su disposición varias instalaciones. Pronto se sumaron el Ayuntamiento de Soria cediendo varias parcelas así como numerosos particulares que ofrecieron también terrenos agrícolas en estado de abandono. Desde Emprendae nos sumamos desde su nacimiento perfilando el modelo de negocio y apoyando su puesta en marcha en uno de esas ocasiones en las que la satisfacción de embarcarse  en una tarea se disfruta a cada minuto.

¿En qué consiste el proyecto? Por un lado se consolida un grupo de consumo que adquiere cestas mensuales de frutas, verduras, hortalizas y otros productos locales mientras se asienta la producción propia, que se llevará a cabo por las personas con discapacidad y desempleados de larga duración que habrán recibido la formación en horticultura. Asimismo se irá formando un banco de terrenos que la población de Soria y su área periurbana podrá trabajar mediante arrendamientos sociales y venta de excedentes. La primera fase creará unos 15 puestos de trabajo, pero mirándonos a otros espejos se puede llegar a mucho más.

Con apenas un mes de vida la acogida del proyecto ha sido espectacular y nos anima a seguir adelante pese a que las dificultades seguirán ahí.

Esta semana se distribuye la primera cesta que coincidiendo con la fechas señaladas es doblemente especial. Y más adelante nuevos retos como la certificación ecológica, la recuperación de variedades locales y la producción de conservas nos esperan. Te invitamos a acompañarnos en este viaje que alguien cercano bautizó acertadamente como La Revolución de la lechuga.

Si te desmonetizan, desmonetízate. Si te deslocalizan, localízate.